leyenda minero año nuevo bufa

Tantas historias se cuentan sobre el Cerro de la Bufa, ubicado en el centro de la ciudad de Zacatecas. Que en este relato se contará tal vez la historia más romántica pero a la vez más triste de sus senderos. Hace unos cien años, un joven minero de nombre Andrés, que trabajaba en la Mina de San Bernabé, en tiempos de gran abundancia.

Sus jornadas de trabajo eran muy pesadas, pues trabajaba desde antes del amanecer y cuando regresaba a su hostal para descansar, veía cuando se metía el sol nuevamente, reflejándose en el cerro de la Bufa. El entusiasta y trabajador joven pretendía a una bella muchacha, que vivía en el conocido barrio de la Pinta, se conocieron en una de las verbenas que se acostumbraban en la plazuela de García, pues era el centro de reunión para mineros y damitas que habitaban en esos rumbos.  

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Al poco tiempo, Andrés pensaba que ya era momento de casarse, pues veía que la familia de Rocío, miraban bien su noviazgo y cada día se enamoraba más de la bella muchacha. Pero lo que lo detenía, era el poco salario, pues soñaba con una familia numerosa y tener siempre complacida a su futura esposa.

En una ocasión, contando sus planes a un compañero de la mina, llamado Carlos, le pidió que le diera un consejo, de ¿cómo podría obtener de forma rápida dinero, para pagar una buena ceremonia religiosa y asegurar el futuro de su familia?

Carlos le dijo que por un tiempo hiciera robo hormiga, y que lo sacara en las fechas en que todo el pueblo estaba de fiesta, por lo que nadie se daba cuenta si se cometían robos en la mina. Las fechas recomendadas eran la del 8 de septiembre, día de la virgen del Patrocinio y, la Noche de Año Nuevo. Que cada que saliera de la mina, tomara un poco del metal de plata extraído y lo fuera guardando en una de las cuevas que quedaban entre el cerro de la Bufa y la casa de Rocío.   

Unos meses antes del 8 de septiembre, Andrés le pidió matrimonio a Rocío, diciéndole que éste se celebraría en las vísperas de la Noche del Año Nuevo. Ella emocionada pero a la vez preocupada, le decía que era poco tiempo para poder juntar suficiente dinero para una ceremonia como la que esperaba su familia; a lo que él le hizo la promesa de que lograría juntar el dinero y que la Virgen de Patrocinio (Patrona de los Zacatecanos) sería su testigo.  

A partir de la promesa, todas las noches, antes de visitar a su amada, Andrés dejaba la plata que sin permiso extraía de la mina, en la cueva más escondida de su trayecto. Al llegar a visitar a Rocío, le decía: allá entre esos matorrales está nuestro futuro. A lo que ella no entendía, pero admiraba la seguridad que mostraba su amado.

La noche del 8 de septiembre, le hizo la promesa a la Virgen del Patrocinio, que ese era el único delito que cometía, y que lo hacía por el amor de Rocío, le prometió que en el Año Nuevo al casarse con Rocío, dejaría de cometer tal delito.

La Virgen no estaba contenta, y según transcurrían los días, Andrés se sentía debilitado a pesar de su aspecto fuerte y juvenil. Rocío notaba que Andrés se mostraba más fatigado, parecía que el metal que cargaba era cada día más pesado y seguía cargándolo todo el tiempo.

Cercana la noche de año nuevo, Andrés dejó de visitar a Rocío. Nadie sabía qué había pasado con él. Solo se sabía que llegaba a su trabajo y en su trayecto nocturno se perdía en los senderos del cerro de la Bufa. Por fin llegó la noche de año  nuevo, y en su espera, Rocío alcanzó a ver una luz que brillaba entre los senderos, decidió ir a encontrar esa luz y encontró a Andrés desfallecido, que clamaba perdón a la Virgen y a Rocío por su avaricia y ambición. En una de las cuevas estaba encima de un montón de carbón, que creía era la plata que había robado para su tan anhelado matrimonio.